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Ciencia

El telescopio Swift de la NASA cae sobre Sumatra tras casi 22 años

El telescopio Swift de la NASA reingresó en la atmósfera sobre Sumatra sin causar daños tras casi 22 años dedicado a estudiar explosiones cósmicas.

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Detalles del telescopio Swift

Imagen: NASA / Goddard Space Flight Center / Chris Smith (KBRwyle), dominio público.

Resumen

  • El telescopio Swift de la NASA cayó sobre Sumatra sin causar daños
  • Un intento de rescate fallido no logró impedir su reentrada
  • Registró más de 2.000 estallidos de rayos gamma en casi 22 años

El telescopio espacial Swift de la NASA ha regresado a la Tierra después de casi 22 años en órbita. El observatorio estadounidense reingresó de forma descontrolada en la atmósfera terrestre el miércoles 4 de noviembre de 2026, sobre el norte de Sumatra, en Indonesia, sin que se hayan comunicado daños personales ni materiales. La Fuerza Espacial de Estados Unidos confirmó que el descenso se produjo a las 12:39 horas GMT, las 13:39 en la España peninsular.

El satélite, de aproximadamente 1.450 kilogramos, había dedicado más de dos décadas a estudiar algunas de las explosiones más violentas del universo. Su caída pone fin a una misión que debía durar inicialmente dos años y que terminó convirtiéndose en una de las más prolongadas de la astronomía espacial moderna. La NASA había advertido de que la mayor parte del aparato se destruiría durante el reingreso, aunque algunos componentes podrían sobrevivir.

La desaparición del Swift no ha sido inesperada. El observatorio llevaba meses perdiendo altura y los intentos de elevar su órbita mediante una nave robótica terminaron sin éxito. Su descenso era inevitable, aunque determinar con exactitud el momento y el lugar del reingreso resultaba mucho más complicado.

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Dónde y a qué hora cayó el telescopio Swift

La Fuerza Espacial estadounidense situó el reingreso del observatorio a las 7:39 de la mañana en la costa este de Estados Unidos, sobre el norte de Sumatra, una de las principales islas de Indonesia.

La posición registrada fue aproximadamente 3,4 grados de latitud norte y 98,6 grados de longitud este. Son las coordenadas del reingreso atmosférico, no la confirmación de que el telescopio impactara íntegramente contra la superficie.

Esta distinción es importante. Cuando un satélite vuelve a la Tierra, la resistencia del aire y las temperaturas extremas provocadas por su entrada a gran velocidad suelen destruir buena parte de su estructura. Los componentes más resistentes pueden continuar descendiendo hasta alcanzar el suelo o el mar.

En el caso del Swift, la NASA había previsto que la mayor parte de sus materiales se desintegraría. No obstante, no se había confirmado la localización de posibles fragmentos supervivientes, por lo que tampoco podía determinarse un punto de impacto de esos restos.

El riesgo de que los restos alcanzaran zonas habitadas

Antes del reingreso, la agencia espacial estadounidense había calculado una probabilidad aproximada de una entre 2.100 de que algún fragmento causara daños a una persona.

La cifra correspondía a la evaluación global del riesgo para las personas, no a la probabilidad de que el telescopio cayera sobre una ciudad concreta.

Debido a la inclinación de su órbita, los posibles restos únicamente podían alcanzar regiones situadas entre los 20,6 grados de latitud norte y sur, una amplia franja del planeta que comprende territorios de América, África, Asia y los océanos.

Colombia había seguido la trayectoria del observatorio mediante su Fuerza Aeroespacial ante la posibilidad de que la reentrada se produjera dentro de esa franja geográfica. Finalmente, el episodio quedó localizado sobre Indonesia.

Por qué cayó el Swift después de casi 22 años en órbita

El final del telescopio estuvo relacionado con un fenómeno que afecta a todos los satélites que orbitan relativamente cerca de la Tierra: la resistencia de las capas superiores de la atmósfera.

Aunque el espacio suele considerarse vacío, a varios cientos de kilómetros de altura todavía existen partículas atmosféricas capaces de frenar progresivamente una nave. Cuanto más baja su órbita, mayor es esa resistencia y más rápidamente continúa descendiendo.

En el caso del Swift, el proceso se aceleró por el aumento de la actividad solar, que provocó una expansión de la atmósfera terrestre y elevó el rozamiento sobre el observatorio. Como carecía de un sistema de propulsión propio para recuperar altitud, necesitaba ayuda externa si quería prolongar su vida operativa.

La NASA contrató a la empresa estadounidense Katalyst Space para desarrollar una operación de rescate. Su nave robótica LINK, lanzada en julio de 2026, debía aproximarse al telescopio, sujetarlo mediante brazos mecánicos y elevarlo hasta una órbita más segura.

La maniobra nunca llegó a ejecutarse. LINK experimentó problemas de comunicaciones y control de orientación, lo que llevó a cancelar el intento de elevar el Swift en agosto. La nave de rescate continuó realizando pruebas tecnológicas y terminó reingresando en la atmósfera el 25 de septiembre.

El telescopio todavía pudo recuperar temporalmente sus observaciones científicas. Sin embargo, el 20 de octubre de 2026 descendió hasta unos 275 kilómetros de altura y ya no consiguió mantener la estabilidad necesaria para seguir trabajando.

Los responsables de la misión ordenaron entonces finalizar sus operaciones. Quince días después, el observatorio regresaba a la atmósfera terrestre.

Una misión diseñada para dos años que revolucionó la astronomía

El Swift fue lanzado el 20 de noviembre de 2004 desde Cabo Cañaveral, en Florida. Su objetivo principal consistía en estudiar los estallidos de rayos gamma, fenómenos capaces de liberar cantidades extraordinarias de energía en intervalos muy breves.

El observatorio incorporaba tres instrumentos complementarios: un detector de rayos gamma, un telescopio de rayos X y otro óptico y ultravioleta. Su principal innovación no era únicamente la potencia de sus instrumentos, sino la rapidez con la que podía reaccionar.

Cuando detectaba una explosión cósmica, el satélite calculaba su posición, enviaba una alerta a otros observatorios y orientaba automáticamente sus telescopios hacia el fenómeno. Habitualmente, podía completar esa operación en aproximadamente un minuto.

Esta capacidad permitió estudiar acontecimientos que antes resultaban extremadamente difíciles de observar. Muchos estallidos de rayos gamma apenas duran unos segundos y su resplandor posterior se debilita rápidamente. Swift consiguió registrarlos en diferentes longitudes de onda antes de que desaparecieran.

Más de 2.000 explosiones de rayos gamma y 1.400 supernovas

Durante su trayectoria, el observatorio acumuló resultados científicos muy superiores a los previstos inicialmente.

La NASA contabiliza más de 2.000 estallidos de rayos gamma observados y estudios de más de 1.400 supernovas, explosiones estelares que desempeñan un papel fundamental en la evolución del universo.

También investigó agujeros negros supermasivos, galaxias activas, estrellas destruidas por fuerzas gravitatorias extremas e incluso cometas y asteroides del sistema solar.

Uno de sus avances más importantes llegó en mayo de 2005, cuando detectó el resplandor posterior de un estallido de rayos gamma que había durado solamente 0,03 segundos.

Aquella observación proporcionó indicios fundamentales para comprender el origen de los estallidos cortos, relacionados con acontecimientos tan extremos como la fusión de dos estrellas de neutrones.

El legado científico también puede medirse en publicaciones. Los datos del Swift han contribuido a alrededor de 7.000 artículos científicos, una cifra excepcional para un observatorio concebido inicialmente para trabajar solo dos años.

El archivo científico que seguirá funcionando sin el telescopio

La destrucción física del Swift no implica la desaparición de sus descubrimientos. Sus observaciones permanecen almacenadas y podrán utilizarse en investigaciones posteriores.

El archivo público de la misión reúne aproximadamente 12 terabytes de información científica, entre ellos más de 1,5 millones de imágenes obtenidas mediante su telescopio óptico y ultravioleta.

Los investigadores podrán seguir examinando estos registros para comparar fenómenos astronómicos, estudiar cambios de luminosidad y buscar señales que pasaron inadvertidas durante las primeras investigaciones.

La desaparición del observatorio plantea, no obstante, un problema para la astronomía de respuesta rápida. Swift combinaba la detección de explosiones cósmicas con la capacidad de apuntar inmediatamente hacia ellas y transmitir información a telescopios situados en la Tierra y en el espacio.

La NASA estudia cómo aprovechar otros instrumentos existentes y desarrollar nuevas capacidades para cubrir esa función. No se trata simplemente de sustituir un telescopio antiguo: algunas de las observaciones que permitía realizar requieren una coordinación especialmente rápida.

El Swift deja así una trayectoria poco habitual. Fue construido para durar dos años, permaneció activo durante casi 22 y acabó regresando a la Tierra después de un intento fallido de rescate orbital. Su estructura ha desaparecido de la órbita terrestre, pero sus datos científicos seguirán disponibles para estudiar el universo durante décadas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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