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Un submarino nuclear ruso lanza un misil Bulavá y alcanza el Ártico

Rusia ha lanzado un misil Bulavá desde un submarino sumergido en el mar de Ojotsk. Moscú asegura que alcanzó el polígono previsto en el Ártico.

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Un submarino nuclear ruso

Imagen: Armada de la India, GODL-India.

Resumen

  • Rusia lanzó un misil Bulavá desde un submarino sumergido en el mar de Ojotsk
  • Según Moscú, el misil alcanzó un polígono de pruebas en el Ártico ruso
  • El Bulavá puede llevar cabezas nucleares y superar los 8.000 kilómetros

Rusia ha lanzado este miércoles, 28 de octubre de 2026, un misil balístico intercontinental Bulavá desde un submarino de propulsión nuclear situado en el mar de Ojotsk, en el extremo oriental del país. El proyectil recorrió miles de kilómetros hasta alcanzar, según el Ministerio de Defensa ruso, el objetivo previsto en un campo de pruebas de la región ártica de Arcángel, relativamente próximo a las fronteras de Noruega y Finlandia, dos países miembros de la OTAN.

El lanzamiento fue efectuado por el submarino estratégico Generalísimo Suvórov, perteneciente a la Flota rusa del Pacífico. La operación se realizó con la embarcación completamente sumergida y formó parte de un ejercicio de entrenamiento militar programado. Moscú asegura que los bloques de reentrada del misil llegaron a la zona designada dentro del tiempo establecido, aunque los resultados técnicos anunciados no han sido verificados de forma independiente.

No se trata de un ataque contra otro país ni existen indicios de que se haya producido una detonación nuclear. Sin embargo, el ejercicio tiene una importancia militar considerable: el Bulavá es uno de los principales componentes del arsenal nuclear estratégico de Rusia, con capacidad para transportar varias cabezas nucleares a distancias superiores a los 8.000 kilómetros.

La prueba llega en un momento de profunda desconfianza entre Moscú y la Alianza Atlántica, con la guerra de Ucrania todavía como principal foco de confrontación. El Kremlin vuelve a exhibir una capacidad especialmente sensible para el equilibrio militar internacional: lanzar armamento estratégico de largo alcance desde submarinos difíciles de localizar.

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Un misil lanzado desde el Pacífico contra un objetivo en el Ártico

El punto de partida del lanzamiento fue el mar de Ojotsk, situado entre la península de Kamchatka, la isla de Sajalín y la costa oriental rusa. Es una zona de gran importancia para la Armada de Rusia, que mantiene allí parte de sus submarinos estratégicos y dispone de instalaciones militares vinculadas a su Flota del Pacífico.

Desde esas aguas, el Generalísimo Suvórov disparó el Bulavá hacia el polígono militar de Chizhá, situado en la región de Arcángel, a orillas del mar Blanco. El campo de pruebas se encuentra en el norte de Rusia y se utiliza habitualmente para evaluar misiles balísticos lanzados desde submarinos.

La operación obligó al proyectil a recorrer una distancia de varios miles de kilómetros entre dos extremos del territorio ruso. Según la información difundida por el Ministerio de Defensa, los sistemas de seguimiento confirmaron que los bloques del misil llegaron al área establecida en el momento previsto.

El detalle más significativo es que el lanzamiento se realizó desde una posición sumergida. Esta capacidad permite a un submarino estratégico disparar sus misiles sin necesidad de salir a la superficie, una característica fundamental para preservar su discreción y reducir su exposición ante las fuerzas adversarias.

El destino también tiene relevancia geopolítica. El polígono de Chizhá se encuentra a poco más de 600 kilómetros de las fronteras de Noruega y Finlandia, dos integrantes de la OTAN. Aunque el objetivo estaba dentro de Rusia, la proximidad al flanco septentrional de la Alianza añade sensibilidad a una actividad militar que Moscú presenta como rutinaria.

Qué es el misil Bulavá y hasta dónde puede llegar

El RSM-56 Bulavá, conocido en la clasificación de la OTAN como SS-N-32, es un misil balístico intercontinental diseñado específicamente para ser lanzado desde submarinos estratégicos.

Su función principal es proporcionar a Rusia capacidad de disuasión nuclear desde el mar. A diferencia de un misil de crucero, que puede volar a baja altura siguiendo una trayectoria relativamente próxima a la superficie terrestre, el Bulavá utiliza una trayectoria balística que le permite recorrer enormes distancias antes de dirigir sus cargas hacia los objetivos asignados.

Las estimaciones técnicas sitúan su alcance máximo en torno a los 8.000-8.300 kilómetros, aunque algunas especificaciones publicadas en Rusia elevan esa distancia hasta los 9.300 kilómetros. Su longitud aproximada es de 12 metros y su peso de lanzamiento ronda las 37 toneladas.

El misil dispone de tres etapas de propulsión que emplean combustible sólido. Este sistema permite almacenar el armamento durante periodos prolongados y simplifica los preparativos necesarios para efectuar un lanzamiento.

Una de sus características más importantes es la posibilidad de transportar múltiples cabezas nucleares de guiado independiente, conocidas técnicamente como MIRV. En lugar de dirigir toda su carga contra un único punto, el sistema puede distribuir diferentes vehículos de reentrada hacia objetivos separados.

Las estimaciones sobre el número máximo de cabezas nucleares varían según la configuración del misil. Algunas apuntan a seis y otras contemplan una capacidad superior. La distribución efectiva de esas cargas constituye información militar sensible.

Conviene aclarar algo esencial: que el Bulavá tenga capacidad nuclear no significa que transportara una carga nuclear en este ejercicio. Las autoridades rusas no han especificado públicamente la configuración de la carga utilizada y no se ha informado de ninguna explosión atómica.

El Generalísimo Suvórov, uno de los submarinos estratégicos más modernos de Rusia

El protagonista del lanzamiento pertenece al proyecto 955A Boréi-A, una generación de submarinos rusos concebida para sustituir progresivamente a plataformas estratégicas más antiguas.

El Generalísimo Suvórov, identificado también como K-553, fue construido en los astilleros Sevmash, en Severodvinsk, y entró en servicio en diciembre de 2022. En octubre de 2023 completó su incorporación a la Flota del Pacífico, con destino en la península de Kamchatka.

Los submarinos Boréi-A pueden transportar hasta 16 misiles balísticos Bulavá. Su diseño incorpora mejoras en navegación, sistemas de combate y reducción del ruido submarino, un aspecto decisivo para dificultar su detección mediante sensores acústicos.

La propulsión nuclear les proporciona una autonomía operativa muy superior a la de los submarinos convencionales, aunque siguen dependiendo de factores como las provisiones y las necesidades de la tripulación.

Su verdadero valor estratégico reside en la posibilidad de permanecer ocultos mientras mantienen disponible su armamento. Incluso si un adversario consiguiera destruir parte de las instalaciones militares terrestres rusas, los submarinos supervivientes podrían conservar la capacidad de responder con misiles nucleares.

Ese principio, conocido como capacidad de segundo ataque, es uno de los pilares históricos de la disuasión nuclear.

Por qué Rusia realiza estas pruebas en plena tensión con la OTAN

Los ejercicios con misiles estratégicos cumplen dos funciones distintas. La primera es técnica y militar: comprobar que las tripulaciones, los sistemas de lanzamiento, los mecanismos de navegación y los vehículos de reentrada funcionan conforme a lo previsto.

La segunda tiene una dimensión política. El lanzamiento de un misil intercontinental permite mostrar públicamente que determinadas capacidades militares siguen operativas. Y esa demostración adquiere mayor importancia cuando las relaciones entre las grandes potencias atraviesan un periodo de confrontación.

Rusia mantiene su fuerza nuclear organizada en tres grandes componentes: misiles terrestres, bombarderos estratégicos y submarinos lanzamisiles. Es lo que se conoce como la tríada nuclear, una estructura destinada a garantizar distintas opciones de respuesta ante un ataque de gran envergadura.

El componente submarino resulta especialmente relevante porque combina movilidad, discreción y capacidad de supervivencia. Localizar un submarino estratégico en una extensa zona marítima es una operación compleja, incluso para las armadas que disponen de tecnología avanzada de vigilancia antisubmarina.

El escenario internacional tampoco ayuda a rebajar la tensión. La invasión rusa de Ucrania ha deteriorado profundamente las relaciones entre Moscú y Occidente, mientras que la incorporación de Finlandia a la OTAN en 2023 y de Suecia en 2024 ha modificado el equilibrio de seguridad en el norte de Europa.

Precisamente un día antes del lanzamiento, el presidente ruso, Vladímir Putin, había mantenido conversaciones telefónicas con dirigentes de Noruega y Finlandia. Durante esos contactos reiteró sus exigencias respecto a una eventual solución negociada de la guerra de Ucrania y criticó la política de los países occidentales hacia Rusia.

No existen, sin embargo, pruebas de que el disparo del Bulavá estuviera directamente relacionado con esas conversaciones. El Ministerio de Defensa ruso lo ha presentado como parte de su programa ordinario de preparación militar.

La distinción importa. Un ejercicio de entrenamiento con un misil estratégico puede transmitir un mensaje de fuerza, pero eso no lo convierte automáticamente en una amenaza inmediata de ataque nuclear.

Rusia ya había probado el Bulavá desde el mismo submarino

El lanzamiento de octubre de 2026 no constituye el estreno operativo del Bulavá ni la primera prueba realizada desde el Generalísimo Suvórov.

En noviembre de 2022, cuando el submarino todavía se encontraba en la fase final de sus pruebas de aceptación, efectuó un disparo de este mismo tipo de misil desde el mar Blanco hacia el polígono de Kurá, situado en la península de Kamchatka.

Aquel ensayo siguió una trayectoria prácticamente opuesta a la comunicada este miércoles: desde el norte europeo de Rusia hacia su extremo oriental.

En noviembre de 2024 también se registró una prueba del Bulavá desde el submarino estratégico Imperator Aleksandr III, otra unidad de la familia Boréi-A.

El desarrollo de este misil comenzó en la década de 1990, cuando Rusia buscaba modernizar su capacidad nuclear naval tras la desaparición de la Unión Soviética. Sus primeras pruebas se realizaron en 2005 y el programa atravesó dificultades técnicas, incluidos varios lanzamientos fallidos.

Con el paso de los años, el sistema fue incorporándose al armamento de los submarinos Boréi. En mayo de 2024 se anunció formalmente su adopción mediante un decreto presidencial, aunque el misil ya llevaba tiempo integrado en la capacidad estratégica de la Armada rusa.

La continuidad de estas pruebas responde a una necesidad militar concreta: mantener la fiabilidad del sistema de lanzamiento y entrenar a las tripulaciones. Disponer de misiles de largo alcance no basta si las unidades encargadas de utilizarlos no pueden demostrar periódicamente que están preparadas.

El verdadero alcance del lanzamiento ruso en el Ártico

El episodio del 28 de octubre deja un resultado oficialmente anunciado y varias cuestiones que deben mantenerse separadas.

Rusia ha confirmado que uno de sus submarinos estratégicos disparó un misil Bulavá desde el mar de Ojotsk hacia un campo de pruebas situado en el Ártico ruso. También asegura que los bloques de reentrada alcanzaron el área prevista. La precisión del impacto y los resultados técnicos siguen dependiendo de la información facilitada por Moscú, sin una comprobación independiente disponible.

Tampoco se ha comunicado que el ejercicio provocara daños fuera de las instalaciones militares previstas ni que se utilizara una carga nuclear real.

Desde el punto de vista estratégico, la prueba recuerda que el poder nuclear ruso no depende exclusivamente de los grandes silos de misiles terrestres. Una parte considerable de su capacidad de disuasión permanece embarcada en submarinos capaces de desplazarse y operar bajo el agua.

Y ahí reside la importancia del lanzamiento: demostrar la capacidad de disparar un misil intercontinental desde una plataforma sumergida y alcanzar un objetivo situado a miles de kilómetros.

Para los países de la OTAN, especialmente los del norte de Europa, este tipo de ejercicios forma parte de un escenario de vigilancia militar cada vez más exigente. Para Rusia, representa una demostración de la disponibilidad de su fuerza estratégica naval.

El Bulavá no es un arma nueva, ni el lanzamiento supone por sí solo un cambio en el equilibrio nuclear mundial. Pero en un contexto de tensiones prolongadas, cada ejercicio de estas características recuerda hasta qué punto los submarinos estratégicos siguen siendo decisivos para la seguridad internacional.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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