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Cuba acusa a EEUU de «desesperación» por pedir colaboración con la CIA
Cuba responde con ironía a Marco Rubio después de que el secretario de Estado pidiera a cubanos partidarios de un cambio colaborar con la CIA
Resumen
- Rubio pide a cubanos descontentos una colaboración discreta con la CIA
- La Habana responde que el llamamiento refleja desesperación en Washington
- Trump endurece el tono contra Cuba mientras crece la presión económica
Cuba ha respondido con ironía al llamamiento del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, para que los cubanos partidarios de un cambio político establezcan una colaboración reservada con la CIA. La Habana interpreta el mensaje como una señal de “desesperación” de Washington y ha convertido la invitación pública en munición política contra la Administración de Donald Trump.
El viceministro cubano de Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, fue especialmente gráfico. Acusó a Estados Unidos de haber pasado al “reclutamiento público” para su servicio de inteligencia y comparó la forma de presentar la propuesta con la venta de “un tubo de dentífrico”. La pulla tiene algo de guerra fría con escaparate de redes sociales: espionaje, propaganda y sarcasmo diplomático, todo empaquetado en unos cuantos mensajes.
La Habana convierte la llamada de Rubio en munición política
La reacción cubana llega después de que Rubio se dirigiera directamente a quienes desean un “cambio positivo” en Cuba y afirmara que había llegado el momento de actuar. El jefe de la diplomacia estadounidense animó a los descontentos con el Gobierno de la isla a aprovechar la oportunidad mediante una “colaboración discreta con la CIA”. No detalló cómo se articularía esa cooperación ni qué tipo de personas pretendía alcanzar con el mensaje.
Precisamente ahí se agarró La Habana. Fernández de Cossío presentó el llamamiento como una muestra de debilidad de los servicios estadounidenses, no como una demostración de fuerza. Según su argumento, si la agencia necesita promocionar públicamente sus vías de colaboración, debe existir “mucha desesperación o miseria” en sus filas. La comparación con la pasta de dientes hizo el resto: una respuesta sarcástica, muy pensada para circular rápido y reducir un asunto de inteligencia a una escena casi comercial.
El lenguaje, sin embargo, no debería ocultar lo importante. No se trata únicamente de otro intercambio de pullas entre dos gobiernos con una relación históricamente tóxica. Un secretario de Estado de Estados Unidos está llamando abiertamente a ciudadanos cubanos partidarios de un cambio político a cooperar con la CIA. Ese elemento eleva el tono de una confrontación que durante 2026 se ha vuelto bastante más explícita.
Rubio pide una «colaboración discreta» con la CIA
El mensaje resulta especialmente significativo por quién lo pronuncia. Rubio no es una figura periférica de la Administración Trump. Como secretario de Estado y uno de los responsables de la política estadounidense hacia Cuba, ocupa una posición central en el diseño de la estrategia de Washington frente a La Habana.
Su llamamiento mezcla dos planos que normalmente los gobiernos procuran mantener algo más separados. Por un lado está la presión diplomática pública sobre el Gobierno cubano; por otro, la actividad de inteligencia, cuya naturaleza es, por definición, bastante menos luminosa. Esta vez ambos terrenos aparecen juntos en un mensaje político abierto.
Una invitación pública con muchas incógnitas
Rubio justificó su petición apelando al desencanto por las promesas incumplidas, la corrupción y los privilegios de una minoría dentro de Cuba. El objetivo declarado es favorecer un cambio político en la isla. Washington no ha explicado públicamente qué significaría en la práctica esa cooperación ni hasta dónde pretende llegar.
Y ese vacío importa. Una cosa es un llamamiento político a la oposición cubana y otra, bastante distinta, una operación organizada de inteligencia. Por el momento, lo comprobable es el mensaje público de Rubio. El resto pertenece al terreno de las intenciones, donde Estados Unidos y Cuba llevan décadas cultivando una niebla bastante espesa.
Trump eleva la presión sobre Cuba
El episodio tampoco aparece aislado. Donald Trump endureció su discurso sobre Cuba durante una intervención en Florida, un estado donde el electorado cubanoestadounidense conserva un considerable peso político. El presidente aseguró que Estados Unidos se ocuparía de Cuba después de resolver el conflicto con Irán y volvió a situar a Marco Rubio en el centro de esa política.
Trump llegó incluso a plantear la posibilidad de utilizar la presencia naval estadounidense como elemento de presión frente a la isla. Son declaraciones políticas, no el anuncio formal de una operación militar, pero encajan en un lenguaje que Washington ha ido endureciendo durante los últimos meses.
La Administración estadounidense ha manifestado abiertamente que desea una transformación profunda del Gobierno cubano. Trump ha presentado a Cuba como un Estado fallido y ha reiterado que pretende impulsar cambios en la isla. Al mismo tiempo, Washington mantiene desde hace más de seis décadas el embargo y ha añadido nuevas medidas de presión económica.
El petróleo y los apagones agravan el pulso
Uno de los instrumentos más duros ha sido la presión sobre el suministro energético. Durante 2026, la Casa Blanca ha reforzado las medidas dirigidas a limitar el acceso de Cuba al petróleo, una palanca especialmente sensible para un país con escaso margen energético y una infraestructura que lleva años funcionando al límite.
El impacto se nota en una economía que ya arrastraba escasez de combustible, apagones e infraestructuras deterioradas. Cuba atraviesa una de sus crisis económicas más graves en décadas, con dificultades de abastecimiento e inflación elevada. La Habana atribuye una parte sustancial de esa situación a las sanciones estadounidenses; Washington responsabiliza al modelo político y económico cubano y a la gestión de sus dirigentes. Dos relatos enfrentados, aunque la vida cotidiana entiende bastante poco de comunicados diplomáticos.
La presión energética ha provocado también críticas internacionales. Mientras el Gobierno estadounidense defiende las medidas como parte de su política de seguridad nacional y presión política, desde Cuba se denuncia que su objetivo real es asfixiar económicamente al país para acelerar un cambio de poder.
La disputa vuelve también a Naciones Unidas
La tensión entre ambos países ya se había hecho visible en Naciones Unidas, donde diplomáticos estadounidenses y cubanos intercambiaron acusaciones en vísperas de la tradicional votación de la Asamblea General que reclama el levantamiento del embargo contra Cuba.
Esa resolución se vota desde 1992 y suele obtener un respaldo internacional muy amplio, aunque carece de carácter vinculante. La capacidad de eliminar el embargo corresponde al Congreso de Estados Unidos. En 2026, sin embargo, la discusión llega con un ambiente particularmente cargado: presión energética, amenazas políticas, acusaciones cruzadas y, ahora, una invitación pública a colaborar con la CIA.
No es precisamente diplomacia de porcelana. La relación entre Washington y La Habana vuelve a moverse en un terreno donde cada gesto sirve para alimentar el siguiente, mientras las posibilidades de distensión parecen cada vez más estrechas.
Una vieja crisis con mucho menos disimulo
Estados Unidos y Cuba llevan más de seis décadas viviendo entre sanciones, espionaje, propaganda y desconfianza. Lo novedoso en este episodio no es que Washington pretenda influir en el futuro político cubano, ni que el Gobierno de La Habana denuncie una injerencia estadounidense. Eso forma parte del paisaje desde hace generaciones.
Lo llamativo es la franqueza del momento. Rubio invita públicamente a los cubanos partidarios del cambio a colaborar discretamente con la CIA; Trump aumenta la presión política sobre la isla; La Habana responde burlándose de la supuesta desesperación estadounidense y compara el reclutamiento con vender pasta de dientes.
El envoltorio tiene algo de espectáculo político contemporáneo, pero detrás sigue habiendo un conflicto serio. La presión sobre Cuba está aumentando, la economía de la isla continúa sometida a enormes tensiones y el lenguaje de las dos capitales deja cada vez menos espacio para la ambigüedad. Entre Washington y La Habana, la vieja guerra fría nunca terminó del todo. Simplemente aprendió a hablar el idioma de las redes sociales.
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