España
El 59 % de jóvenes españoles ve menos oportunidades que hace 30 años
El 59 % de los jóvenes españoles ve menos oportunidades que hace 30 años. También preocupa el futuro, pese al aumento de la participación social.
Resumen
- El 59 % de los jóvenes españoles ve menos oportunidades que hace 30 años
- El 55 % cree que la siguiente generación tampoco tendrá las mismas opciones
- El 52 % ha participado en acciones para cambiar la sociedad en el último año
El 59 % de los jóvenes españoles considera que su generación no tiene las mismas oportunidades de triunfar que quienes tenían su edad hace tres décadas. El pesimismo supera en cinco puntos la media de la Unión Europea, situada en el 54 %, según el último Eurobarómetro sobre Juventud y Democracia, publicado este miércoles, 28 de octubre de 2026, por la Comisión Europea.
La desconfianza tampoco se limita al presente. El 55 % de los españoles de entre 15 y 30 años cree que los jóvenes de dentro de tres décadas no tendrán las mismas oportunidades que ellos, frente al 53 % registrado en el conjunto de la UE. Es decir, una mayoría considera que las cosas han empeorado respecto al pasado y tampoco espera que mejoren para quienes vengan después.
Los resultados reflejan un malestar generacional que va más allá de las dificultades económicas inmediatas. La percepción de que estudiar, trabajar y esforzarse ya no garantiza las mismas posibilidades de progreso plantea un problema de confianza en el futuro. Y España aparece entre los países donde esa sensación resulta especialmente intensa.
Hay, sin embargo, un matiz importante: los jóvenes no parecen haber renunciado a participar en la sociedad. La encuesta también registra una mayor implicación ciudadana en Europa, pese al desencanto con las oportunidades disponibles. Una combinación que contradice la imagen de una juventud simplemente desinteresada por lo que ocurre a su alrededor.
España destaca por la intensidad del pesimismo juvenil
La diferencia entre España y el conjunto de la Unión Europea no se limita al porcentaje de quienes creen que su generación dispone de menos oportunidades. También destaca la contundencia con la que expresan esa opinión.
El 35 % de los jóvenes españoles está totalmente en desacuerdo con la afirmación de que actualmente existen las mismas oportunidades de triunfar que hace 30 años. En el conjunto de los Veintisiete, ese rechazo más firme alcanza el 29 %.
Son seis puntos de diferencia que permiten apreciar una desconfianza especialmente marcada. No se trata únicamente de jóvenes que dudan sobre su situación, sino de una proporción considerable que rechaza abiertamente la idea de que el progreso generacional siga funcionando como antes.
El panorama europeo tampoco invita al optimismo. Según el Eurobarómetro, únicamente cuatro países registran mayorías juveniles convencidas de que las oportunidades actuales son equivalentes a las de hace tres décadas: Estonia (66 %), Luxemburgo (63 %), Malta (61 %) y Letonia (58 %).
En el resto de la Unión predomina una valoración menos favorable. España, por tanto, no constituye una excepción aislada, aunque sus resultados muestran un desencanto superior al promedio comunitario.
Conviene distinguir, eso sí, entre percepción y realidad económica. La encuesta mide cómo valoran los jóvenes las oportunidades de distintas generaciones, pero no demuestra por sí sola que todas las condiciones laborales, educativas o sociales hayan empeorado respecto a 1996.
Lo que sí establece es que una mayoría no percibe el progreso prometido entre generaciones. Y esa pérdida de confianza tiene importancia política y social, independientemente de cómo hayan evolucionado los distintos indicadores económicos.
El futuro preocupa tanto como la comparación con el pasado
El Eurobarómetro introduce otra dimensión del problema al preguntar por las oportunidades que tendrán los jóvenes dentro de 30 años.
En España, el 55 % considera que las generaciones futuras no contarán con las mismas posibilidades que las actuales. La media europea se sitúa en el 53 %, una diferencia de dos puntos que confirma que la inquietud sobre el futuro está extendida por buena parte del continente.
La comparación resulta significativa porque refleja dos percepciones distintas. Una mira hacia atrás y cuestiona si la sociedad ofrece actualmente las mismas posibilidades que antes. La otra proyecta esa incertidumbre sobre las próximas generaciones.
No son exactamente lo mismo. Considerar que los jóvenes actuales tienen menos oportunidades que sus predecesores no implica necesariamente creer que la situación continuará deteriorándose. Sin embargo, una mayoría de los encuestados españoles expresa desconfianza en ambas comparaciones.
En este contexto, cuestiones como el acceso a la vivienda, la estabilidad laboral, los salarios y la independencia económica ayudan a entender por qué el debate sobre las oportunidades resulta especialmente relevante para la juventud. Son factores directamente relacionados con la posibilidad de construir un proyecto de vida autónomo.
El estudio no permite atribuir el pesimismo a una causa concreta, pero sí identifica las preocupaciones económicas y sociales entre las principales prioridades que los jóvenes quieren ver atendidas por las instituciones europeas.
Los jóvenes participan más, pese al desencanto
Uno de los resultados más interesantes del Eurobarómetro es que la percepción negativa sobre las oportunidades convive con un aumento de la participación social.
El 55 % de los jóvenes europeos afirma haber realizado alguna acción para contribuir a cambiar la sociedad durante el último año, frente al 48 % registrado en 2024. El incremento es de siete puntos porcentuales.
Estas iniciativas incluyen actividades como firmar peticiones, participar en concentraciones o implicarse en otras acciones de carácter ciudadano.
En España, el porcentaje alcanza el 52 %, tres puntos por debajo de la media comunitaria. Aun así, significa que más de la mitad de los jóvenes españoles encuestados asegura haberse involucrado en alguna iniciativa de transformación social.
La participación en organizaciones también ha aumentado en Europa. El 75 % de los jóvenes declara haber tomado parte en actividades de al menos una organización durante los últimos doce meses, frente al 64 % de 2024.
Entre las entidades más mencionadas aparecen los clubes deportivos, con un 26 %, y los clubes o asociaciones juveniles, con un 20 %.
Estos resultados cuestionan la idea de que el desencanto se traduzca necesariamente en pasividad. La insatisfacción con las oportunidades no equivale a desinterés por la sociedad. En muchos casos, ambas actitudes conviven.
Derechos humanos, igualdad y salud: las principales causas en España
Entre los jóvenes españoles que han participado en acciones para transformar la sociedad, los ámbitos más destacados son los derechos humanos (36 %), la igualdad de derechos (35 %) y la salud (34 %).
Las cifras muestran que las preocupaciones juveniles no se reducen exclusivamente al empleo o a los ingresos. También existe una implicación significativa en cuestiones relacionadas con las libertades, la igualdad y el bienestar colectivo.
La encuesta recoge otro dato que introduce un matiz en el desencanto: el 40 % de los jóvenes españoles confía en que tanto los responsables políticos nacionales como los europeos piensen a largo plazo.
En la UE, esos porcentajes son inferiores: un 36 % respecto a los dirigentes nacionales y un 38 % en relación con los europeos.
Pese a ello, casi la mitad de los jóvenes españoles opina lo contrario. La confianza en la capacidad de los dirigentes para anticiparse a los problemas futuros sigue siendo limitada.
Pobreza, desigualdad y empleo: las prioridades para Europa
Las demandas dirigidas a la Unión Europea permiten entender mejor qué esperan los jóvenes de las instituciones.
En España, la principal prioridad es que la UE contribuya a combatir la pobreza y las desigualdades económicas y sociales, una opción señalada por el 35 % de los encuestados.
La creación de oportunidades de empleo para los jóvenes ocupa el segundo lugar, con un 33 %.
Por detrás aparecen la defensa de los derechos humanos y la democracia, mencionada por el 31 %, y la preservación de la paz y la seguridad internacional, con un 29 %.
Las prioridades del conjunto de la Unión presentan algunas diferencias. Los jóvenes europeos sitúan en primer lugar la preservación de la paz, con un 33 %, seguida de la lucha contra la pobreza y las desigualdades, con un 32 %, y la creación de empleo juvenil, con un 31 %.
La dimensión económica tiene, por tanto, un peso considerable tanto en España como en el resto de Europa, aunque las preocupaciones internacionales también ocupan una posición destacada.
La encuesta recoge otra demanda especialmente reveladora: el 40 % de los jóvenes europeos considera prioritario que las políticas de juventud afronten los problemas reales que afectan a su generación. En España, esa proporción alcanza el 38 %.
El mensaje resulta bastante directo. Los jóvenes esperan que las decisiones políticas tengan consecuencias prácticas sobre sus condiciones de vida.
El Eurobarómetro no concreta en esa pregunta cuáles son todos esos problemas, aunque en el conjunto del estudio aparecen preocupaciones relacionadas con el empleo y el coste de la vida.
La Comisión Europea también constata que el 75 % de los jóvenes encuestados reconoce que las actuaciones de la Unión influyen en su vida cotidiana.
La distancia entre las instituciones y la juventud, por tanto, no parece explicarse simplemente por desconocimiento de su influencia. Existe una expectativa sobre lo que Europa puede hacer y, al mismo tiempo, una considerable insatisfacción con las oportunidades disponibles.
Un Eurobarómetro con más de 26.000 participantes
El estudio fue encargado por la Dirección General de Educación y Juventud de la Comisión Europea y se realizó mediante 26.806 entrevistas en línea a jóvenes de entre 15 y 30 años de los 27 Estados miembros.
En España participaron 1.007 personas. El trabajo de campo se desarrolló entre el 19 de junio y el 1 de julio de 2026, mediante entrevistas web asistidas por ordenador.
Los resultados permiten comparar las opiniones juveniles entre los distintos países y analizar cuestiones relacionadas con la participación democrática, las oportunidades entre generaciones y las expectativas sobre la Unión Europea.
Como sucede con cualquier encuesta de opinión, sus porcentajes describen las respuestas de las personas consultadas, no constituyen una medición directa de las oportunidades económicas reales ni permiten anticipar con certeza cómo será la sociedad dentro de tres décadas.
La Comisión utilizará los resultados para preparar la estrategia europea de juventud posterior a 2027, que deberá orientar las próximas actuaciones comunitarias dirigidas a este grupo de población.
Entre los asuntos que tendrán relevancia en ese proceso figuran la participación democrática, la movilidad dentro de la Unión, la equidad entre generaciones y el papel de las políticas europeas en la vida de los jóvenes.
Una generación que exige recuperar la confianza en el futuro
El nuevo Eurobarómetro deja una contradicción significativa: los jóvenes europeos participan más en organizaciones y actividades sociales, pero una mayoría sigue cuestionando las oportunidades que tiene su generación.
En España, esa contradicción adquiere especial importancia. El 59 % considera que las oportunidades actuales no son equivalentes a las de hace 30 años, y el 55 % tampoco confía en que las próximas generaciones disfruten de las mismas posibilidades que existen actualmente.
No significa que todos los jóvenes compartan una visión derrotista ni que hayan perdido el interés por intervenir en el futuro de la sociedad. Los datos sobre participación social muestran precisamente lo contrario.
Lo que aparece debilitado es la confianza en una promesa fundamental de las sociedades democráticas: que las nuevas generaciones puedan aspirar, al menos, a unas oportunidades comparables a las de sus predecesores.
Las demandas de empleo, reducción de las desigualdades y soluciones a los problemas cotidianos apuntan a un desafío concreto para los responsables políticos.
Porque tener más oportunidades no debería depender únicamente de un discurso optimista sobre el futuro, sino también de condiciones materiales que permitan aprovecharlas.
Y, a juzgar por las respuestas de los jóvenes españoles, esa confianza en el futuro está lejos de darse por descontada.
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