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La Lista Conjunta árabe exige negociar para sustituir a Netanyahu
El líder de la Lista Conjunta árabe de Israel reclama negociar cualquier alternativa a Netanyahu, mientras el recuento perfila una mayoría incierta.
Imagen: Mark Neyman / Oficina de Prensa del Gobierno de Israel, CC BY-SA 3.0.
Resumen
- La Lista Conjunta árabe exige negociar cualquier alternativa a Netanyahu
- Los partidos árabes suman 17 escaños con el 84,5 % escrutado
- Ni Netanyahu ni la oposición alcanzan los 61 diputados necesarios
El líder de la Lista Conjunta árabe de Israel, Yousef Jabareen, ha lanzado este miércoles, 28 de octubre, una advertencia a los partidos que pretenden acabar con el Gobierno de Benjamín Netanyahu: cualquier alternativa política deberá negociar con la representación árabe. Su mensaje llega después de unas elecciones legislativas en las que ninguna de las grandes alianzas ha conseguido asegurarse una mayoría parlamentaria.
Los resultados provisionales de los comicios del 27 de octubre apuntan a que los partidos árabes pueden tener un papel decisivo en la formación del próximo Gobierno. Con el 84,5 % de las mesas escrutadas, las dos candidaturas de mayoría árabe sumarían 17 escaños en la Knéset, el Parlamento israelí, integrado por 120 diputados. En un corte anterior del recuento habían llegado a 19. Netanyahu aspira a mantenerse en el poder, pero sus adversarios tampoco pueden sustituirlo sin resolver una cuestión incómoda para parte de la oposición: aceptar el apoyo político de los representantes de la minoría árabe.
Jabareen ha dejado clara su posición. Quien quiera ofrecer una alternativa real al actual Ejecutivo tendrá que hablar con su formación. El dirigente ha planteado la situación como una elección entre mantener lo que considera un sistema de discriminación y exclusión o construir una auténtica colaboración entre judíos y árabes.
No es una declaración improvisada. Durante la campaña electoral, la Lista Conjunta ya había ofrecido respaldo parlamentario a un Ejecutivo alternativo, siempre que existieran compromisos concretos sobre los derechos de la población árabe y la política hacia los palestinos. Con el recuento todavía abierto, esa propuesta adquiere una importancia mucho mayor.
Los escaños árabes pueden decidir el próximo Gobierno de Israel
El reparto provisional de diputados refleja hasta qué punto se ha complicado la continuidad de Netanyahu. Con el 84,5 % de las mesas electorales escrutadas, las estimaciones situaban al bloque del primer ministro en 54 escaños, frente a los 49 de las formaciones opositoras encabezadas por Gadi Eisenkot. Las dos candidaturas árabes sumarían otros 17.
De confirmarse esa distribución, ninguna de las principales alianzas alcanzaría por sí sola los 61 diputados necesarios para conseguir la mayoría absoluta. Netanyahu necesitaría nuevos apoyos y Eisenkot tendría que explorar acuerdos con los partidos árabes o con otras fuerzas parlamentarias, dentro o fuera del Gobierno.
Los representantes árabes concurren en dos candidaturas distintas. La Lista Conjunta, dirigida por Jabareen y formada por Hadash, Ta’al y Balad, ha registrado un avance considerable. La Lista Árabe Unida, conocida como Ra’am y encabezada por Mansour Abbas, también ha mejorado sus expectativas durante el escrutinio. El reparto definitivo de diputados entre ambas permanece pendiente del resultado oficial.
Aunque las dos formaciones coinciden en su rechazo a Netanyahu, no son organizaciones idénticas. La Lista Conjunta agrupa corrientes de izquierda, progresistas y nacionalistas palestinas, mientras que Ra’am representa una orientación islamista moderada y ha mostrado mayor disposición a participar directamente en coaliciones gubernamentales.
La movilización del electorado árabe ha sido uno de los elementos más relevantes de las elecciones. La participación nacional alcanzó el 77,7 %, la mayor desde 1999. El incremento del voto en las comunidades árabes ha reforzado a unas candidaturas que representan a un sector de la población frecuentemente relegado en los grandes acuerdos de la política israelí.
Jabareen ofrece apoyo a la oposición, pero exige compromisos
El presidente de la Lista Conjunta ha asegurado que su formación está preparada para utilizar su peso parlamentario para apartar del Gobierno a Netanyahu y a sus aliados ultraderechistas, Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich.
En declaraciones a medios israelíes, Jabareen ha insistido en que cualquier fuerza interesada en impulsar un cambio deberá dialogar con los partidos árabes. Su alternativa pasa, según ha explicado, por abandonar el racismo, la exclusión y las políticas de supremacía que atribuye al actual Ejecutivo y establecer una colaboración política real entre judíos y árabes.
La oferta, sin embargo, no supone un cheque en blanco. La Lista Conjunta ya había establecido durante la campaña una serie de condiciones para negociar su respaldo a un Gobierno diferente.
Entre sus prioridades figuran la lucha contra la delincuencia en las localidades árabes, la mejora del acceso a la vivienda, el desarrollo de las comunidades árabes, la protección de los derechos civiles y el fin de determinadas demoliciones de viviendas. La formación también reclama programas educativos y sociales que permitan mejorar las oportunidades de los jóvenes.
Otra de sus exigencias centrales es abrir una vía diplomática hacia la creación de un Estado palestino. Jabareen ha rechazado que una eventual colaboración con la oposición implique aceptar presupuestos destinados a ampliar asentamientos en territorios ocupados o financiar operaciones militares a las que su formación se opone.
Un apoyo parlamentario no equivale a entrar en el Gobierno
La distinción tiene consecuencias prácticas. La Lista Conjunta podría facilitar la investidura de un primer ministro distinto de Netanyahu o respaldar determinadas votaciones sin asumir ministerios ni incorporarse formalmente a la coalición.
Esa fórmula, denominada en la política israelí red de seguridad parlamentaria, permitiría sostener un Ejecutivo minoritario mediante acuerdos específicos. No elimina, desde luego, las diferencias ideológicas ni garantiza su estabilidad.
El precedente más importante corresponde a 2021, cuando Ra’am, el partido de Mansour Abbas, participó en la coalición encabezada inicialmente por Naftali Bennett y posteriormente por Yair Lapid. Fue la primera vez que una formación árabe independiente entró oficialmente en un Gobierno israelí.
Aquella experiencia demostró que la cooperación entre partidos judíos y árabes era posible, pero también dejó al descubierto sus dificultades. La coalición terminó desintegrándose en 2022 y Netanyahu recuperó posteriormente el poder.
Netanyahu rechaza depender de los partidos árabes
El primer ministro ha respondido al resultado electoral defendiendo la formación de un Gobierno nacionalista de derechas. Aunque el Likud sigue siendo la primera fuerza política, con una proyección cercana a los 27 diputados, su bloque no dispone por ahora de una mayoría suficiente para gobernar.
Netanyahu ha acusado a sus adversarios de poner en peligro a Israel si aceptan depender de partidos árabes a los que califica de antisionistas. Su discurso busca convertir una negociación parlamentaria en una cuestión de identidad nacional y seguridad.
La situación es especialmente delicada para Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor israelí y líder del partido centrista Yashar. Ha defendido la necesidad de formar un Ejecutivo estable, pero ha establecido condiciones estrictas para aceptar socios de Gobierno, entre ellas el reconocimiento de Israel como Estado judío y democrático y determinadas obligaciones de servicio nacional.
Estas exigencias dificultan cualquier entendimiento con los representantes árabes. Eisenkot ha rechazado la incorporación de Ra’am y la Lista Conjunta a un Ejecutivo encabezado por él, mientras que otros dirigentes opositores, como Bennett y Avigdor Lieberman, también han descartado acuerdos con esas fuerzas.
El problema de la oposición, por tanto, no consiste únicamente en reunir escaños. También deberá ponerse de acuerdo sobre qué alianzas está dispuesta a aceptar para conseguir el cambio de Gobierno. Una abstención o un respaldo parlamentario externo podrían abrir posibilidades distintas a una coalición formal, aunque tampoco están garantizados.
La minoría árabe reclama un papel político decisivo
Los ciudadanos árabes representan aproximadamente una quinta parte de la población israelí. La mayoría son descendientes de palestinos que permanecieron dentro de las fronteras del Estado tras su creación en 1948 y poseen ciudadanía israelí.
Su representación parlamentaria lleva décadas formando parte de la política del país, pero la participación de sus partidos en las decisiones de Gobierno ha estado limitada por profundas diferencias nacionales, religiosas e ideológicas.
Las denuncias de discriminación en el acceso a recursos públicos, vivienda, infraestructuras y servicios conviven con un problema especialmente grave: la violencia criminal en las comunidades árabes, cuya respuesta institucional constituye una de las principales reivindicaciones de sus representantes.
La guerra de Gaza, desencadenada tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, ha agravado las tensiones entre ciudadanos judíos y árabes. También ha aumentado las dificultades para establecer acuerdos entre partidos que mantienen posiciones enfrentadas sobre la ocupación de los territorios palestinos y el futuro del conflicto.
En ese contexto, la reivindicación de Jabareen trasciende una negociación por ministerios o presupuestos. Su formación pretende que los ciudadanos árabes sean reconocidos como actores legítimos en la formación del poder político, con capacidad para negociar las políticas del Estado sin renunciar a su identidad ni a sus reivindicaciones.
El futuro de Netanyahu depende de los pactos parlamentarios
Los resultados oficiales todavía deben confirmar el reparto definitivo de escaños. Después llegará la fase de consultas y negociaciones entre partidos, en la que el presidente israelí, Isaac Herzog, deberá encargar la formación de Gobierno al dirigente que considere con mayores posibilidades de conseguir los apoyos necesarios.
Ser la fuerza más votada no garantiza automáticamente la continuidad en el poder. Tampoco basta con que los partidos contrarios a Netanyahu sumen más diputados si sus diferencias les impiden construir una mayoría viable.
La perspectiva de una nueva situación de bloqueo tampoco resulta extraña en Israel. Entre 2019 y 2022, el país celebró cinco elecciones legislativas, una muestra de las dificultades que puede plantear un sistema parlamentario fragmentado.
Esta vez, sin embargo, hay un factor que ha ganado una relevancia extraordinaria: el peso electoral de los partidos árabes. Jabareen ha interpretado los resultados como una oportunidad para convertir ese respaldo ciudadano en influencia política real.
La próxima batalla no se librará solo entre Netanyahu y Eisenkot. También se decidirá en las conversaciones que ambos bloques estén dispuestos a mantener y en las condiciones que acepten sus posibles aliados.
El mensaje de la Lista Conjunta es inequívoco: quien pretenda sustituir a Netanyahu deberá contar con los representantes árabes. Otra cosa será conseguir que una oposición tan heterogénea acepte sentarse con ellos y, sobre todo, llegue a un acuerdo.
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