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Netanyahu lidera las elecciones en Israel, sin mayoría para gobernar
El Likud encabeza el escrutinio en Israel, pero su bloque no alcanza los 61 escaños. Eisenkot y los partidos árabes pueden inclinar la investidura.
Resumen
- El bloque de Netanyahu lidera el recuento con 55 escaños, lejos de los 61
- Eisenkot suma 49 escaños y los partidos árabes pueden resultar decisivos
- El resultado aún es provisional y puede abrir semanas de negociación
El Likud de Benjamín Netanyahu lidera las elecciones legislativas de Israel celebradas el 27 de octubre de 2026, según los resultados provisionales, pero su ventaja no le garantiza continuar en el poder. Con el 57,3 % de las urnas contabilizadas, el bloque del primer ministro obtendría 55 de los 120 escaños de la Knéset, el Parlamento israelí, seis menos de los 61 necesarios para alcanzar la mayoría absoluta. La oposición encabezada por Gadi Eisenkot sumaría 49 diputados, mientras que las dos principales listas árabes conseguirían otros 16.
Israel no tiene todavía un vencedor capaz de formar Gobierno. Netanyahu ha conseguido que su partido vuelva a ocupar el primer puesto pese al desgaste de cuatro años de legislatura, pero ha perdido apoyos parlamentarios. Eisenkot, su principal adversario, tampoco dispone de una mayoría propia. El resultado deja un Parlamento fragmentado, con los partidos árabes en una posición potencialmente decisiva y la posibilidad de que las negociaciones terminen en un nuevo Ejecutivo, una fórmula de unidad o incluso otras elecciones.
La jornada electoral del martes registró una participación del 77,7 %, la mayor desde 1999, según la Comisión Electoral Central. Cerca de 5,7 millones de israelíes acudieron a votar en unos comicios marcados por las consecuencias del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, las guerras posteriores, la situación económica y la creciente división política del país. Las urnas han expresado un deseo de cambio entre amplios sectores del electorado, aunque no han otorgado a ninguno de los principales bloques una mayoría suficiente para gobernar en solitario.
Resultados de las elecciones en Israel: el Likud lidera el escrutinio
El recuento ha ido modificando la distribución de escaños durante la madrugada. Con el 55,4 % de las urnas contabilizadas, una proyección anterior situaba al bloque de Netanyahu en 56 diputados, al de Eisenkot en 49 y a los partidos árabes en 15. Posteriormente, con el 57,3 % escrutado, la estimación pasó a 55, 49 y 16 escaños, respectivamente. Es una variación que confirma la estrechez de los márgenes.
El Likud se mantiene como primera fuerza parlamentaria, con una estimación de entre 27 y 28 escaños. Por detrás aparece Yashar, la formación de Gadi Eisenkot, con alrededor de 21 o 22 diputados. La alianza B’Yachad, encabezada por Naftali Bennett y Yair Lapid, se perfila como otra de las principales fuerzas de la nueva legislatura.
Los sondeos a pie de urna publicados al cierre de los colegios electorales ofrecían inicialmente un escenario algo distinto. Las televisiones israelíes situaban a la oposición por delante o prácticamente empatada con el bloque gubernamental. Las revisiones posteriores y el avance del escrutinio han mejorado la posición de Netanyahu, aunque sin darle una mayoría parlamentaria suficiente.
Las cifras todavía pueden cambiar. Quedan papeletas por contabilizar y, especialmente, los votos depositados mediante el sistema de sobres dobles, entre ellos los de militares y determinados ciudadanos que votan fuera de su colegio habitual. Estos sufragios se incorporan más tarde al recuento.
También importa el umbral electoral del 3,25 %. Las listas que no alcanzan ese porcentaje quedan fuera del Parlamento. En un sistema proporcional tan fragmentado, que una formación pequeña entre o no en la Knéset puede modificar la distribución de varios diputados y alterar las posibilidades de una coalición.
El resultado definitivo todavía no está proclamado. El recuento debería permitir conocer una imagen mucho más precisa durante los próximos días, mientras que la publicación oficial está prevista para el 4 de noviembre.
Netanyahu gana la primera posición, pero pierde parte de su poder
La victoria del Likud tiene un significado político contradictorio. Netanyahu ha resistido una campaña en la que numerosas encuestas anticipaban una derrota contundente. Sin embargo, el resultado provisional refleja un retroceso respecto a las elecciones de noviembre de 2022, cuando su partido consiguió 32 escaños y pudo formar un Gobierno con una mayoría de 64 diputados.
Su alianza con las formaciones nacionalistas, ultranacionalistas y religiosas ha sido suficiente para mantenerse al frente del Ejecutivo durante una legislatura extraordinariamente conflictiva. Pero esa coalición de derechas parece haber perdido apoyos.
El partido ultraortodoxo Shas, que consiguió 11 diputados en 2022, podría quedar reducido a unos seis o siete. Tampoco las fuerzas de extrema derecha encabezadas por Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich han obtenido el crecimiento que esperaban. Ambas conservan representación y capacidad de negociación, pero no compensan por sí solas las pérdidas del conjunto gubernamental.
Netanyahu afrontaba las elecciones después de una legislatura marcada por el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, los fallos de seguridad que hicieron posible aquella ofensiva y la devastadora guerra posterior en Gaza. A ello se suman los conflictos con Irán y Líbano, la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania ocupada y las disputas internas sobre el sistema judicial.
Dentro de Israel, el coste de la vida y el servicio militar obligatorio también han ocupado un lugar importante en el debate electoral. La exención de numerosos estudiantes ultraortodoxos del reclutamiento ha provocado un profundo enfrentamiento social, especialmente entre quienes reclaman un reparto más equitativo de las obligaciones militares.
El primer ministro tampoco ha conseguido cerrar las controversias relacionadas con los errores de seguridad del 7 de octubre ni las críticas por su resistencia a establecer una investigación estatal independiente. Continúa, además, sometido a un proceso judicial por presunta corrupción, unas acusaciones que rechaza.
Así pues, el resultado no equivale a una renovación inequívoca de su mandato. El Likud resiste, pero su coalición se debilita. Esa diferencia será determinante durante las negociaciones.
Gadi Eisenkot y la oposición buscan una mayoría alternativa
El principal adversario de Netanyahu es Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas israelíes y dirigente de Yashar. Su candidatura ha tratado de reunir el descontento con el primer ministro alrededor de una propuesta centrada en la seguridad, la recuperación institucional y la unidad nacional.
Eisenkot representa un perfil político distinto al de los dirigentes tradicionales de la izquierda israelí. Su trayectoria militar le permite competir en un terreno, el de la defensa nacional, que Netanyahu ha convertido durante décadas en uno de los pilares de su liderazgo.
El antiguo jefe militar también sufrió personalmente las consecuencias de la guerra de Gaza: su hijo murió durante una operación militar en el territorio palestino en diciembre de 2023.
Su problema es que la oposición a Netanyahu no constituye un bloque ideológicamente homogéneo. Bajo la voluntad compartida de sustituir al primer ministro conviven partidos con posiciones muy diferentes sobre el conflicto palestino, la religión, la economía y la organización del Estado.
Entre sus posibles aliados aparecen B’Yachad, la alianza de centroderecha de Naftali Bennett y Yair Lapid; Israel Beitenu, la formación nacionalista y laica dirigida por Avigdor Lieberman; y Los Demócratas, encabezados por Yair Golan y situados a la izquierda del panorama político israelí.
Naftali Bennett fue primer ministro entre 2021 y 2022, cuando una coalición heterogénea consiguió apartar temporalmente a Netanyahu del poder. Aquella experiencia demostró que una alianza entre partidos muy distintos era posible, aunque también puso de manifiesto su fragilidad.
Las discrepancias actuales resultan considerables. Bennett rechaza la creación de un Estado palestino, mientras que Los Demócratas defienden una solución negociada al conflicto. Lieberman mantiene posiciones nacionalistas y una agenda claramente contraria a los privilegios de los partidos religiosos ultraortodoxos.
La sustitución de Netanyahu puede unirlos, pero gobernar juntos exigiría acuerdos mucho más profundos. Eisenkot tendrá que decidir hasta dónde está dispuesto a ceder para conseguir una mayoría y, sobre todo, mantenerla.
Los partidos árabes pueden decidir el próximo Gobierno de Israel
Uno de los resultados más relevantes de las elecciones es el avance de las formaciones que representan principalmente a los ciudadanos palestinos de Israel.
La Lista Conjunta y Ra’am podrían alcanzar alrededor de 16 escaños entre ambas, según el recuento parcial más avanzado. Las encuestas a pie de urna habían llegado a proyectarles 18 o 19 diputados, una cifra que reflejaba la intensa movilización de su electorado.
Los ciudadanos árabes constituyen aproximadamente una quinta parte de la población israelí. Su participación política ha estado condicionada durante años por las desigualdades sociales, las tensiones identitarias y las diferencias entre los partidos que representan a esta comunidad.
En estas elecciones, la participación en localidades árabes ha aumentado notablemente. Las primeras estimaciones apuntaban a tasas cercanas al 80 % entre sus votantes, una movilización especialmente importante después de años de desencanto político.
El precedente de Mansur Abbas y el Gobierno de 2021
El papel de Mansur Abbas, líder de Ra’am, puede resultar determinante. Su formación hizo historia en 2021 al participar en la coalición encabezada por Naftali Bennett, convirtiéndose en el primer partido árabe en integrarse formalmente en un Gobierno israelí.
Abbas ha mostrado su disposición a facilitar una alternativa a Netanyahu. La cuestión es si Eisenkot y sus socios aceptarían ese apoyo.
Durante la campaña, varios dirigentes opositores rechazaron formar un Ejecutivo con partidos árabes. El propio Eisenkot estableció condiciones políticas relacionadas con el reconocimiento de Israel como Estado judío y democrático y con la condena del terrorismo de Hamás.
La aritmética parlamentaria, sin embargo, puede obligar a reconsiderar esas posiciones.
Una posibilidad sería que las formaciones árabes apoyaran desde fuera a un Gobierno minoritario, sin ocupar ministerios ni incorporarse formalmente a la coalición. Otra alternativa pasaría por negociar acuerdos específicos para la investidura.
Ninguno de esos escenarios está garantizado. La Lista Conjunta y Ra’am mantienen sus propias diferencias políticas, y los socios potenciales de Eisenkot tampoco comparten una posición sobre cómo relacionarse con ellas.
Hay una paradoja especialmente significativa: los partidos que durante la campaña han sido presentados por Netanyahu como incompatibles con un Gobierno israelí podrían terminar desempeñando un papel central en la elección del próximo primer ministro.
La incertidumbre electoral no ha impedido que Netanyahu y Eisenkot defiendan sus respectivas interpretaciones de las urnas.
Netanyahu compareció durante la madrugada en la sede del Likud, en Jerusalén, y subrayó que su partido seguía siendo el más importante del país. Reclamó la formación de un Gobierno nacional de derechas y defendió los logros militares de su Ejecutivo.
También rechazó que una futura coalición dependiera de los partidos árabes, a los que presentó como una amenaza para la orientación política y de seguridad que considera necesaria para Israel.
Eisenkot, desde Tel Aviv, sostuvo que la ciudadanía había votado por un cambio de dirección política. Defendió la necesidad de construir un Ejecutivo estable y advirtió a Netanyahu contra cualquier utilización partidista de la seguridad nacional durante las negociaciones.
La intervención de Donald Trump añadió un componente internacional a la noche electoral. El presidente estadounidense, que había respaldado a Netanyahu durante la campaña, aseguró que el primer ministro había obtenido un resultado mejor de lo previsto y atribuyó parte de esa recuperación a su apoyo.
Netanyahu también utilizó su comparecencia para destacar la alianza con Washington y plantear la posibilidad de nuevas actuaciones conjuntas frente a Irán.
El conflicto con Teherán seguirá siendo uno de los principales asuntos de seguridad para el próximo Gobierno israelí, independientemente de quién consiga formar una mayoría. Lo mismo ocurre con la situación en Gaza, las relaciones con los países árabes y el futuro de los territorios palestinos ocupados.
Con todo, las declaraciones de los dirigentes no cambian el dato parlamentario fundamental: ninguno ha demostrado todavía que dispone de los apoyos necesarios para gobernar.
Qué ocurrirá tras el escrutinio y quién puede formar Gobierno
Cuando termine el recuento y se publiquen los resultados oficiales, comenzará el procedimiento constitucional para elegir al próximo primer ministro.
El presidente de Israel, Isaac Herzog, deberá consultar con los grupos parlamentarios y encargar la formación de Gobierno al diputado que considere con mayores posibilidades de conseguir los apoyos necesarios.
Habitualmente, ese encargo recae en el líder de la fuerza más votada, pero no existe una obligación automática. La decisión depende de las recomendaciones de los partidos y de las posibilidades reales de construir una mayoría.
El candidato designado contará inicialmente con 28 días para negociar una coalición. Herzog podrá concederle una prórroga de hasta 14 días adicionales.
Si fracasa, el presidente podrá encargar la tarea a otro diputado, que dispondrá de 28 días sin posibilidad de ampliación. Si tampoco prospera esa segunda tentativa, se abrirá un procedimiento extraordinario durante el cual una mayoría de parlamentarios podrá proponer otro candidato.
El sistema contempla un último plazo de 14 días para ese aspirante. Si tampoco consigue formar Gobierno, la Knéset quedará disuelta y deberán convocarse nuevas elecciones en un plazo de 90 días.
El procedimiento permite distintas salidas políticas. Netanyahu podría conseguir nuevos socios o recuperar apoyos fuera de su bloque habitual. Eisenkot podría negociar una mayoría alternativa con participación o respaldo externo de partidos árabes. También cabe un acuerdo entre fuerzas que hasta ahora se han enfrentado, aunque las diferencias políticas y los vetos cruzados complican esa opción.
Mientras no exista un nuevo Ejecutivo, Netanyahu seguirá ejerciendo como primer ministro en funciones. Una situación de bloqueo podría permitirle permanecer en el cargo durante semanas o meses, aun cuando su bloque no haya alcanzado una mayoría parlamentaria propia.
Israel afronta una legislatura marcada por la fragmentación política
Las elecciones del 27 de octubre han dejado una primera certeza: Netanyahu continúa siendo el dirigente central de la política israelí, pero su capacidad para conservar el poder depende cada vez más de acuerdos que no controla por completo.
El avance de los partidos árabes, la aparición de nuevas alianzas y el retroceso de algunas formaciones religiosas y ultranacionalistas dibujan un Parlamento diferente al de 2022.
También muestran una sociedad políticamente movilizada. La participación del 77,7 % indica que los electores han considerado decisiva esta convocatoria, aunque esa movilización no se haya traducido en una mayoría inequívoca para ninguno de los principales candidatos.
La primera posición del Likud no equivale automáticamente a un nuevo mandato de Netanyahu. Esa es la distinción fundamental que dejan los resultados provisionales.
La decisión definitiva dependerá de los escaños que confirme el recuento, de las recomendaciones que reciba Herzog y de la disposición de los partidos a superar las líneas rojas establecidas durante la campaña.
Israel ha votado masivamente para elegir un nuevo Parlamento. La composición del próximo Gobierno dependerá de las negociaciones entre fuerzas políticas que mantienen profundas diferencias. Netanyahu encabeza el escrutinio, pero la mayoría sigue abierta. Y será precisamente esa mayoría, no el primer puesto en las urnas, la que determine quién dirige el país durante los próximos años.
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