España
Choque de trenes en Urda: los testigos relatan cómo fue el impacto
Pasajeros del AVE y del Iryo explican cómo vivieron el choque en Urda: frenazos, golpes, maletas despedidas y ayuda a los heridos en los vagones.
Resumen
- Un AVE chocó por detrás contra un Iryo detenido en Urda a las 8.54 horas
- Los viajeros hablan de frenazos, golpes y pasajeros despedidos
- Al mediodía se habían confirmado al menos 30 muertos y decenas de heridos
Los supervivientes del accidente ferroviario de Urda (Toledo) coinciden en describir un impacto repentino y de enorme violencia. Un frenazo en seco, pasajeros que salieron despedidos de sus asientos, maletas por los suelos y un estruendo que también escucharon trabajadores de una finca cercana. Son algunos de los testimonios recogidos este miércoles, 28 de octubre de 2026, después de que un AVE de Renfe chocara por detrás contra un tren de Iryo que se encontraba detenido en la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía.
Miguel Ángel Pérez Laguna, Roberto Gómez, Jesús Jerónimo, Antonio Jiménez Barca y Juan Casares son algunos de los viajeros que han contado públicamente cómo vivieron el accidente. Sus declaraciones describen una sacudida que apenas dejó tiempo para reaccionar. Otros pasajeros, como Eduarda e Iñaki, han explicado lo sucedido dentro del Iryo. Los relatos coinciden en la brusquedad del choque, aunque las consecuencias fueron muy diferentes según el vagón.
El siniestro se produjo alrededor de las 8.54 horas, en el entorno de Urda, en la provincia de Toledo. En los dos trenes viajaban unas 544 personas, según los datos comunicados durante la mañana. El Gobierno de Castilla-La Mancha confirmó a mediodía al menos 30 fallecidos, una cifra provisional mientras continuaban las labores de rescate. Decenas de personas resultaron heridas y varias unidades de los convoyes descarrilaron.
Las declaraciones de quienes estaban dentro permiten reconstruir los segundos anteriores al choque, el movimiento de los pasajeros y las dificultades posteriores para abandonar los trenes. También dejan una cuestión importante: los viajeros pueden explicar lo que sintieron y vieron, pero las causas técnicas del accidente deberán determinarse mediante la investigación.
Un frenazo brutal y pasajeros despedidos dentro del AVE
El periodista deportivo Roberto Gómez, que viajaba en el AVE con destino a Sevilla, fue uno de los primeros pasajeros en relatar lo ocurrido. Confirmó que había conseguido salir del tren y que se encontraba a salvo. Su descripción del impacto fue contundente: «El golpe ha sido tremendo».
Gómez explicó que otro pasajero cayó sobre él durante la colisión. El hombre presentaba una herida en la cabeza. También vio viajeros con fuertes golpes en el pecho y las costillas, mientras el equipaje había quedado desperdigado por el vagón.
Al salir, pudo observar los daños en uno de los coches del Iryo, que había caído por un terraplén. Desde el lugar del accidente relató la llegada de helicópteros sanitarios y vehículos de la Guardia Civil.
Una experiencia muy parecida describió Jesús Jerónimo, de 54 años, que viajaba en el coche 2 del AVE. El consultor médico estaba trabajando con su ordenador portátil cuando se produjo una sacudida violentísima que lo lanzó contra el asiento delantero.
Jerónimo explicó que varios pasajeros salieron despedidos y que inicialmente pensaron que el tren había descarrilado. Al incorporarse comprobaron que el convoy estaba inclinado. Sufrió lesiones en la nariz y una mano, aunque pudo colaborar posteriormente en la asistencia a otros viajeros.
El periodista Antonio Jiménez Barca se encontraba en la cafetería del AVE. Su percepción fue distinta: sintió un empujón extraordinariamente fuerte por la espalda y se golpeó la cabeza. Según contó, no creía haber perdido el conocimiento.
Jiménez Barca reconoció que necesitó unos momentos para asimilar lo sucedido. Primero llegó la incredulidad. Después, la constatación de que había sobrevivido a un accidente de consecuencias mucho más graves para otros pasajeros. El impacto psicológico también formaba parte de lo ocurrido.
Otro testimonio llegó a través de Ignacio G. Martín. Viajaba hacia Córdoba y también estaba trabajando con su ordenador cuando notó un frenazo repentino.
Martín describió un golpe especialmente fuerte contra el asiento. Tras el impacto comprobó los daños del convoy y relató la presencia de personas con lesiones gravísimas en las zonas más afectadas.
Los últimos vagones también sintieron el impacto
La violencia de la colisión alcanzó incluso a pasajeros situados lejos del punto de choque.
Miguel Ángel Pérez Laguna viajaba en uno de los últimos vagones del AVE. Explicó que había sentido el impacto como si se hubiera producido justo delante de él.
«El golpe ha sido fortísimo», aseguró.
Pérez Laguna describió también el desplazamiento violento de parte de la estructura del Iryo después de la colisión. Desde su posición pudo comprobar los importantes daños materiales y las dificultades que encontraban algunos viajeros para abandonar los convoyes.
Otro superviviente identificado como Alber comparó la sensación con la de un automóvil que se detiene bruscamente contra un obstáculo.
El pasajero explicó que se golpeó contra una mesa y que una persona mayor de su vagón salió despedida. Aunque pudo abandonar el tren, tenía molestias en una pierna.
Su relato aporta un detalle relevante: tras el choque, algunos supervivientes dudaron sobre si debían permanecer dentro o salir. Temían que pudiera producirse un incendio. Desde el exterior, Alber observó vagones muy dañados y elementos de la vía desplazados.
También habló Daniel, pasajero del coche 2 del AVE, quien recordó una parada previa por problemas de circulación ferroviaria. Según explicó, el tren reanudó la marcha y, poco después, se produjo el impacto.
Daniel afirmó que una trabajadora del servicio de a bordo salió despedida y sufrió lesiones graves en los brazos. Describió asimismo cómo algunos viajeros comenzaron a auxiliar a quienes habían quedado atrapados.
En el Iryo: una fuerte sacudida, gritos y vagones volcados
Los testimonios procedentes del otro tren permiten conocer cómo se vivió el choque desde el convoy que estaba detenido.
Eduarda, una joven de 17 años que viajaba en el Iryo, contó que se encontraba sentada junto a sus dos gatos cuando sintió una frenada muy intensa. El movimiento la desplazó hacia delante junto con su asiento.
Después llegaron los gritos y la confusión. Eduarda describió a personas llorando, pasajeros que tenían dificultades para salir y víctimas atrapadas bajo los restos de los trenes.
La joven pudo abandonar el convoy sin sufrir lesiones importantes. Posteriormente fue trasladada a un pabellón deportivo habilitado para atender a los afectados. De toda aquella experiencia destacó especialmente los gritos de pánico que había escuchado y las imágenes de los heridos.
Otro viajero del Iryo, Iñaki, de 60 años, ofreció su testimonio desde el pabellón de Urda. Viajaba en el coche 2, de Sevilla a Madrid, cuando notó el impacto.
Según explicó, el golpe lo hizo rodar por el suelo. Cuando recuperó la orientación, comprobó que el vagón había quedado boca abajo. Al abandonar el tren encontró personas heridas y aseguró haber visto también fallecidos.
Son dos relatos especialmente significativos porque describen lo sucedido dentro del Iryo, donde varios vagones sufrieron daños de extrema gravedad.
El estruendo se escuchó desde una finca cercana
El accidente también fue percibido por personas que se encontraban trabajando en las proximidades de la vía.
David Gómez, albañil, estaba trabajando en una finca cercana junto a su hermano y otro compañero cuando escucharon el golpe.
Gómez explicó que, después de oír el estruendo, los tres se acercaron al lugar del accidente. Su declaración confirma que el ruido de la colisión llegó hasta una zona de trabajo situada fuera de la infraestructura ferroviaria.
Mientras tanto, los viajeros que habían conseguido salir de los convoyes comenzaban a comprobar lo ocurrido.
Juan Casares, presidente de la Confederación de Cooperativas de Viviendas de España (CONCOVI), viajaba en el coche 1 del AVE para asistir a una reunión en Sevilla. Según contó, el impacto lo desplazó hasta el vagón situado delante.
Casares recordó una frenada muy fuerte seguida de varios movimientos sucesivos. Esa fue su percepción desde el interior, aunque no podía determinar con exactitud qué maniobras había realizado el maquinista.
También explicó que algunos pasajeros tuvieron que romper una ventana para abandonar el tren. Las salidas estaban obstaculizadas por las maletas, que se habían desplazado durante el choque.
Otra superviviente, Ana María, de 60 años, viajaba en el coche 6 del AVE junto a su marido. Habían salido de Madrid con destino a Sevilla para hacer turismo.
La mujer recordó que el tren estuvo detenido durante unos minutos por una incidencia en la vía. Después volvió a circular y, poco tiempo más tarde, llegó el impacto.
La fuerza del movimiento la lanzó hacia la zona destinada al equipaje, donde varias maletas cayeron sobre ella. Su marido sufrió un golpe en la cabeza y ambos se dirigían al hospital de Toledo cuando ofreció su testimonio.
La secuencia previa también fue descrita por Alberto, que viajaba con Juan Antonio en la parte trasera del AVE. Según explicó, el convoy se detuvo y se anunció una breve espera por congestión ferroviaria. Unos treinta segundos después de reanudar la marcha, según su recuerdo, se produjo el choque.
Estos testimonios coinciden en señalar una interrupción de la circulación antes del accidente, aunque las referencias temporales de los pasajeros no son idénticas. Esa diferencia deberá contrastarse con los registros ferroviarios.
Ventanas rotas y pasajeros ayudando a los heridos
Los minutos posteriores a la colisión estuvieron marcados por la evacuación y los primeros intentos de asistencia.
Jesús Jerónimo explicó que, pese a sus propias lesiones, participó en el auxilio a otros viajeros. En uno de esos momentos ayudaba a los sanitarios sujetando el suero de una persona herida.
También describió las dificultades para acceder a los vagones que habían quedado fuera de la vía. Algunos pasajeros fueron evacuados a través de las ventanas, mientras los equipos especializados trabajaban entre los restos de los trenes.
La colaboración entre los supervivientes aparece de forma recurrente en los testimonios. Roberto Gómez mencionó la ayuda prestada a personas con golpes y heridas. Juan Casares relató cómo otros dos viajeros le ayudaron a salir. Daniel explicó que, una vez evacuados los ocupantes de su coche, algunos acudieron a auxiliar a pasajeros de otros vagones.
Las declaraciones también muestran que no todos los viajeros podían conocer inmediatamente la gravedad del accidente.
Andrea Martínez, que viajaba por trabajo a Sevilla en el coche 2, estaba tomando un café cuando se produjo la colisión. Después relató que seguía conmocionada y que tenía dolor en una pierna. Había conseguido salir y esperaba ser trasladada al hospital Gregorio Marañón de Madrid.
A las dificultades físicas se sumaron los problemas de comunicación.
Marta, hija de uno de los pasajeros del AVE, contó que su padre estaba trabajando con la mesa desplegada cuando sintió el impacto. El hombre perdió las gafas y el teléfono móvil, aunque pudo comunicarse posteriormente con su familia.
Su testimonio es indirecto, pero ayuda a comprender por qué algunas familias tardaron en tener noticias de sus allegados. Los golpes, la pérdida de teléfonos y las evacuaciones complicaron los contactos durante las primeras horas.
Qué permiten reconstruir los testimonios del accidente de Urda
Las declaraciones difundidas a lo largo de la mañana ofrecen varios elementos coincidentes.
El primero es la ausencia de tiempo suficiente para reaccionar. Muchos pasajeros estaban sentados, trabajando o tomando algo cuando sintieron una desaceleración brusca. Algunos se golpearon contra los asientos delanteros; otros fueron desplazados por el pasillo o terminaron entre el equipaje.
El segundo es que el impacto no se vivió de la misma manera en todos los coches. Mientras algunos viajeros consiguieron salir con lesiones relativamente leves, otros quedaron atrapados en vagones que sufrieron daños estructurales muy importantes.
El tercero es la percepción de varios movimientos durante la colisión. Juan Casares habló de impactos sucesivos; otros pasajeros recordaron una sola sacudida extraordinariamente violenta. Estas diferencias no son necesariamente contradictorias: cada viajero ocupaba una posición distinta y experimentó una parte del accidente.
Los relatos también ayudan a situar la secuencia previa. Varios ocupantes del AVE recuerdan una parada o una reducción de velocidad antes de que el tren continuara su trayecto. Los testimonios del Iryo apuntan a que ese convoy estaba detenido cuando se produjo el alcance.
Sin embargo, ninguna de esas declaraciones permite establecer por sí sola la causa técnica del siniestro.
Las primeras informaciones sobre la investigación apuntan a una incidencia en el sistema de señalización y control ferroviario LZB y a una posible autorización para que el AVE continuara circulando pese a que la vía estaba ocupada.
Esta hipótesis deberá contrastarse con los registros del centro de control, los datos de circulación, las comunicaciones con los maquinistas y el funcionamiento de los sistemas de seguridad.
La investigación tendrá que determinar por qué estaba detenido el Iryo, qué instrucciones recibió el AVE y en qué circunstancias se autorizó su movimiento. También deberá esclarecer la velocidad de ambos convoyes en los instantes anteriores al choque.
Una cosa es lo que sintieron los pasajeros y otra la explicación técnica de lo sucedido. Sus relatos son fundamentales para comprender las consecuencias humanas del accidente, pero no sustituyen las pruebas necesarias para establecer responsabilidades.
Urda concentra la atención a los supervivientes y sus familias
El accidente ha provocado una movilización extraordinaria de los servicios de emergencia. Bomberos, Guardia Civil, Protección Civil y equipos sanitarios trabajan en el entorno de la colisión, con apoyo de helicópteros medicalizados y ambulancias.
El Ayuntamiento de Urda habilitó instalaciones municipales para acoger a los afectados. También se han establecido puntos de atención a familiares en estaciones ferroviarias, entre ellas Madrid-Puerta de Atocha y Sevilla-Santa Justa.
Renfe ha activado el teléfono 900 10 10 20, destinado específicamente a facilitar información y asistencia a las personas afectadas y a sus familias.
La circulación de alta velocidad entre Madrid, Ciudad Real y Andalucía permanece interrumpida por el accidente, y la compañía ferroviaria ha habilitado cambios y anulaciones gratuitos para los servicios afectados.
Los testimonios recogidos este miércoles describen una misma realidad desde posiciones muy diferentes: un impacto repentino, pasajeros que apenas pudieron protegerse y una evacuación marcada por la gravedad de los daños.
Algunos recuerdan el ruido. Otros, el frenazo, los golpes o la necesidad de abrir una ventana para salir. Hay quienes siguen pendientes de recibir noticias de sus familiares.
El accidente de Urda deja una tragedia humana de enormes dimensiones y una investigación todavía abierta. Los supervivientes han permitido conocer cómo se vivieron aquellos segundos dentro de los trenes. Determinar por qué ocurrió la colisión y cómo pudo llegar a producirse es la responsabilidad que queda por delante.
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